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La abogada y conductora de TV relata cómo el año 2003 fue el más difícil de su vida. "Me deprimí muchísimo", dice.
Por XIMENA URREJOLA B. Fotografía: CLAUDIO VERA.

La doctora Ana María Polo, la misma del exitoso programa "Caso cerrado", que se transmite todos los días por Mega, desata verdaderas pasiones. Con un traje sastre color palo de rosa muy claro, el pelo perfectamente liso, y su vozarrón con acento cubano, en el seminario organizado por la Revista Ya, Estée Lauder y Clínica Las Condes como parte de la campaña de prevención del cáncer de mama, realizado hace una semana, 600 mujeres la escucharon y la aplaudieron a rabiar mientras ella, con su estilo arrebatador, lleno de humor, inspirado y también, en algunos momentos, didáctico, explicaba cómo había logrado vencer esta enfermedad.

Cuando terminó de hablar el público se convirtió en una avalancha humana, buscando una fotografía con ella, un autógrafo, tocarle aunque fuera la ropa. "Adonde quiera que voy me pasa esta locura", dice esta abogada de 49 años que también es una estrella de la televisión en toda Latinoamérica, mientras se toma un café express en el bar del Hotel Ritz. Es lunes, en la mañana estuvo en el seminario, después tuvo un almuerzo y en la tarde está dando esta entrevista. La doctora Polo está agotada. Se toma el pelo que cada cierto rato le tapa la cara, y añade: "Hoy había 600 mujeres, muchas pacientes de cáncer, pero cuando hay hombres, niños, viejos, me pasa igual, no sé por qué despierto esta pasión, como si fuera Shakira o Madonna. Es una locura. Pero la gente tiene que saber que yo no soy poderosa, que no tengo ningún poder mágico, que no tengo habilidades místicas ni nada, porque muchas veces se hace ideas erróneas, y eso no me gusta. Soy una persona igual que todas. Me dicen: déjame tocarte. Eso me complica; me da miedo a veces".

A pesar del agotamiento, la doctora Polo tiene el ánimo en alto, sonríe, se ríe a carcajadas con sus propias locuras y es capaz de pasar del llanto a la risa en pocos minutos, cuando recuerda momentos difíciles para ella o su familia, o casos de su programa que han tocado su corazón, y que ha debido fallar con su mítica frase: ¡¡¡Caso cerrraaado!!!

Pero esta abogada y licenciada en Ciencias Políticas, que llegó desde Cuba a Miami a los dos años, escapando jundo a su familia del régimen de Fidel Castro, en esta oportunidad vino a Chile especialmente a hablar del cáncer y de su historia de recuperación, que comenzó hace poco más de cinco años. "A principios de 2003 me sentí una pequeña bola en el seno derecho... pero en mi familia no se hablaba de cáncer de mama. Ni mi madre ni mi abuela tuvieron. Sí dos hermanas mayores de mi papá, quienes lo sufrieron en su tercera edad. Aún así, yo sabía que había algo malo. En el fondo, lo sabía. Entonces fui con la idea en la cabeza. Y te das cuenta de inmediato porque a los técnicos que te hacen la mamografía se les ensombrece el semblante, te hablan distinto", dice mientras imita estos mismos gestos con sus ojos y su boca.

El resultado lo recibió por teléfono. El 22 de mayo de 2003, a las seis y media de la tarde, estaba grabando "Caso cerrado". En ese instante sonó su celular, pero no fue capaz de contestar, y le dijo a la productora del programa: Contesta tú y hazte pasar por mí. "Le di el teléfono y me alejé caminando para no oír nada. Pero de lejos me di cuenta de que Marlene bajó los ojos y se tapó la cara con las manos. Ahí dije: Ayayay, lo que presentía está confirmado".

Marlene le comentó en seguida que las palabras del doctor habían sido tranquilizadoras: que el tumor era pequeño, que lo habían pesquisado a tiempo, que todo iba a estar bien... Pero, dice Ana María: "Se te derrumba el mundo, muchacha, si cáncer es una mala palabra. Yo tenía a todo mi equipo ahí. Les miraba la cara y veía que pensaban que me iba a morir".

–¿Usted pensó en algún momento que iba a morir?

–Nunca, jamás. Se me derrumbó el mundo, pero nunca pensé que me iba a morir. Lo que fue muy inocente de mi parte porque sí me pude haber muerto. Pero así es mi manera de ser: positiva, optimista. Sí pensé: Ay Dios mío, me van a mutilar.

El doctor le dijo que sólo le iba a quitar el tumor. "Y yo seré muy burra, pero sigo pensando que no es buena idea. Pienso que el cáncer es tan traicionero... he oído tantas historias de mujeres que sólo se quitan el tumor, se dejan el seno, que igual les queda deforme, y que al año se tienen que hacer la mastectomía. Entonces yo quería sacarlo de raíz, para no tener que pasar una segunda vez por eso. Entonces agarré todos mis exámenes y partí en busca de una segunda opinión. El paciente debe hacer todo lo que necesite para sentirse mejor".

El segundo médico, con solo mirarla, confirmó lo que Ana María pensaba: 'Hay que hacerte una mastectomía radical'.

La operación se fijó para el 20 de junio. Durante todo ese tiempo Ana María Polo siguió trabajando en "Caso cerrado".

El 19 de junio, a las 22:38 terminó de grabar el último programa. El equipo de "Caso cerrado" hizo un asado para comer todos juntos. A las cinco de la mañana del día 20, Ana María estaba entrando a la clínica. Cuando despertó, ocho horas después (porque, además de la mastectomía, el doctor comenzó de inmediato con la reconstrucción mamaria), el doctor le dijo: "Nunca en la vida había visto una operación tan concurrida como la tuya. Yo no sabía nada de ti, qué hacías, y hay más de 300 personas afuera esperando".

Ana María sufrió de mucho dolor: "Era como si tuviera un tren apoyado en el pecho", dice. Sin embargo, al día siguiente la dieron de alta. Pero el proceso completo de reconstrucción mamaria duró hasta diciembre de ese año, con continuas y dolorosas visitas al hospital, hasta que le instalaron un primer implante de silicona, de forma redonda y plana, con la que no quedó conforme, al ser muy distinta a su pecho izquierdo, el sano.

"Te voy a contar una anécdota simpática: como tengo que ir a tantos eventos me ponía una media doblada en bolita dentro del sostén, para que las dos se vieran iguales. Viajando a Nueva York para una ceremonia de no sé qué, iba con varias personas, entre ellas un galanazo de las novelas que se llama Mario Cimarro. Llegamos a Nueva York, levanto el brazo para agarrar mi maleta de los compartimentos superiores y ¡paf! que sale volando la media y le cae en los pies a Mario. Menos mal que Dios me dio sentido del humor, así que le pedí que, por favor, me devolviera mi pechuga... Y Mario, muy simpático, me abrazó y me dijo: no te preocupes, son cosas que pasan".

Para este tipo de situaciones relatados por Ana María, existe la Prótesis Mamaria Externa, la que devuelve la figura original a la mujer, simulando en temperatura, peso, suavidad, color, etc.a la mama original. No se corre y permite todo tipo de movimientos. Quienes la usan afirman que parece casi propia y que pueden hacer de todo.

Se puede usar sin ningún inconveniente en agua de mar, piscinas y termas. Es totalmente lavable, compacta e irrompible. Marca: Gelform.

Ana María Polo se ríe a carcajadas. Y los que la escuchan, también.

"El año más difícil de mi vida"

Durante todo este período, Ana María estuvo acompañada de su segundo marido, de quien se separó hace pocos meses (con el primero se casó y se separó siendo muy joven). "Él fue un gran apoyo. Es una buena persona, y muy tierna. Que es lo que más necesita uno en ese momento: la ternura. Sin embargo, asegura que su principal pilar fueron sus amigas: "Absolutamente. Las mujeres comprendemos mucho más este tema. Especialmente cuando me quité los ovarios; me dio como una locura".

La mastectomía fue en junio. Le extirparon los ovarios (porque los estrógenos que éstos producen pueden ser desencadenantes o propiciantes de esta afección) en octubre de ese mismo año. En 2003 sufrió un total de cuatro cirugías. Lo recuerda como el año más difícil de su vida: "Sin duda. No tengo ni que pensarlo. El 2003 rebasó todo".

–¿De dónde cree que ha sacado esa fuerza para salir adelante?

–No sé. Hice locuras: acababa de operarme y me fui de vacaciones a Alaska. Monté a caballo, hice rafting en aguas gélidas, trekking, anduve en bicicleta. Los pensamientos catastróficos no entraban en mi mente, y qué bueno que así fue. Porque creo que me habría deprimido mucho más.

–Entonces sí se deprimió.

–Me deprimí muchísimo. Y tomé un antidepresivo todas las noches. Pero siempre he tenido mucha fe, desde niña. Siempre creo, siempre rezo. Y nada. Creo que hay ciertos seres humanos que tenemos esa entereza, que venimos así de fábrica. Mis padres también son así. Son muy fuertes, como yo. Ellos van de frente a los problemas y no piensan mucho en las consecuencias. Mi mamá me decía: Esto no es nada, no te preocupes, lo vamos a pasar.

Para descubrir oportunamente este tipo de cáncer, es necesario que todas las mujeres aprendan a examinarse los senos cada mes, cualquier día del seis al nueve de su ciclo menstrual para detectar cualquier anomalía.

Para ello, existe este novedoso guante que está diseñado para lograr una pronta detección del cáncer mamario. El guante permite aumentar considerablemente la sensibilidad y magnificar el tamaño, logrando así percibir irregularidades aun siendo estas muy pequeñas.

Ana María se emociona cuando relata su experiencia con una de las tantas mujeres que han llegado a "Caso cerrado". Tenía 23 años, un hijo de cinco y un cáncer al sistema linfático. "Todavía pienso en ese caso y me hace llorar... Era una pareja joven que había hecho un pacto: si ella se ponía muy mal con la quimioterapia, se llevarían al niño a vivir con sus abuelos a Venezuela, para que no viera a su mamá en las peores condiciones. Pero, en plena quimio, ella dijo: el pacto no corre. Y llegaron a "Caso cerrado". Le di la razón a ella, porque ese tiempo juntos iba a ser fundamental. Me enteré de que a los tres meses ella falleció. Creo que tomé la decisión correcta".

–¿De qué manera cambió su manera de ver la vida con el cáncer?

–Me suavicé mucho. Me convertí en una persona más tierna y más humana. También me di cuenta de que la vida es muy frágil: me creía invencible. Siempre tuve una salud espectacular. Nunca tuve nada hasta que me ocurrió esto. Nada. Y, como soy muy trabajadora, a veces no me alimentaba bien; en eso también cambié. Ahora me doy tiempo para desayunar, para almorzar, para comer, para preocuparme de mí. Esos cambios fueron muy positivos.

–Por último, ¿de qué manera se proyecta?

–Quisiera que "Caso cerrado" se convirtiera en un programa que existiera después de mí. Que el programa durara. También me gustaría hacer un rol dramático; me fascinaría trabajar con Pedro Almodóvar. Y personalmente me veo envejeciendo con dignidad, enamorada de la vida, como siempre. También me gustaría eliminar el prejuicio del mundo. Y el racismo. Yo no sé si voy a poder ver eso en lo que dura mi vida, pero por lo menos voy a luchar.

Cancer de Mama - Noviembre del 2008. Fuente: El Mercurio.
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